Julio 24
Lorena se fue hoy a las 10 de la mañana, después de que desayunamos con Marisol, Ricardo y los hijos de ambos. Estos, contrariamente a la costumbre antigua de sentar a los invitados y apartarse para que coman solos, se sentaron con nosotras a la mesa (excepto Marisol y su hija mayor, pero pudo haber sido por la falta de sillas). Marisol había discutido con Ricardo para que dejara ir a Eustolia, la niña de 11 años que tiene ganas de conocer Oaxaca, con Lorena. Ricardo se negaba diciendo que le preocupa que la hagan trabajar cuando todavía es tan pequeña, cuando todavía no sabe hacer nada que valga para que le den la comida. Lorena le respondió varias veces que ella la está invitando para ir de paseo, como de vacaciones, no para que sea su sirvienta, pero Ricardo no daba su a brazo torcer. Mientras Lorena y Ricardo hablaban y yo escuchaba (igual que los niños, que andaban alrededor con la oreja parada y los ojos bien abiertos), Marisol empezó a meter la ropa de Eustolia en una mochila diciendo que sólo lo hacía en caso de que sí se fuera…
Ricardo podrá ser el hombre de la casa (¡y vaya que tiene fama de macho!), pero Marisol manejó la situación de tal modo que finalmente se hizo lo que ella tanto quiere: que su hija salga de casa y conozca la ciudad. ¿Por qué es esto tan importante para ella? Creo percibir que es como un ritual que las niñas deben cumplir. Si lo hacen, tendrán otro estatus social: las que sirvieron en la ciudad, las que aprendieron a llevar una casa “buena” (la palabra que han usado Marisol y Clarita), las que tuvieron la oportunidad de “conocer”, se visten de otra manera, se comportan con otro aire seguro, y se casan con hombres que tienen cargos de mayor importancia en la comunidad. “Que no sean unas burras, como animalitos de campo, pues”, añade Marisol, sonriendo al haber triunfado.
La mochila hecha, el papá medio convencido, la mamá radiante y la niña feliz, bajamos a la cancha para que Lorena partiera con su invitadita. La esperaba una mujer que ayer se acercó para preguntar si podría Lorena llevarlas - a ella y a sus dos hijas - a Ixtlán. Lorena le había dicho que sí, pero hoy cuando vimos, venían hacia el coche no sólo madre e hijas, sino que traían con ellas a un anciano ciego, papá de la señora, que se mostraba muy renuente a ir. ¿Por qué no dijo ayer que también él vendría? – le preguntó Lorena. “¡Ay, es que no sabíamos si podríamos arrastrarlo porque dónde que quiere ir”, nos respondió, sudorosa, roja y visiblemente cansada.
Lo que pasa (entre regaños al viejito y subir sus cosas al coche nos cuentan) es que quieren llevarlo a ver al doctor a ver si le operan el lunes los ojos, pero el señor un rato dice que sí y otro que no, y ella ya no sabía qué hacer (sino empujarlo, materialmente, como lo hacía en ese momento). Por fin lograron entre las tres subirlo al coche con muchas dificultades y entonces Lorena, llevándose a sus tres pasajeros y a su invitada, arrancó… solamente para detenerse abruptamente cien metros más adelante porque el viejito casi brincó por la ventana en su desesperación por escapar... Habría sido cosa de risa si no hubiera sido por la lástima que daba ver la angustia del anciano y la frustración de su hija. Tuvieron que bajarlo y yo fui a traerlo del brazo para sentarlo en la agencia a esperar que algún familiar fuera recogerlo. (Llegaron con él, y tal como lo trajeron - regañado - se lo llevaron).
Raro, pero me sentí un poco sola cuando Lorena y su coche desaparecieron tras la cuesta. Fue cuando otra vez pensé en el curita de Santa Cruz: estas comunidades están tan emparentadas y se conocen tanto después de generaciones y generaciones viviendo lado a lado, que cualquiera de fuera será siempre de fuera… Ellos son una familia de quinientas personas con una historia común que se remonta a cientos de años atrás. Nosotros somos nada más que residentes, visitantes, pasajeros, conocidos.
Raro, pero me sentí un poco sola cuando Lorena y su coche desaparecieron tras la cuesta. Fue cuando otra vez pensé en el curita de Santa Cruz: estas comunidades están tan emparentadas y se conocen tanto después de generaciones y generaciones viviendo lado a lado, que cualquiera de fuera será siempre de fuera… Ellos son una familia de quinientas personas con una historia común que se remonta a cientos de años atrás. Nosotros somos nada más que residentes, visitantes, pasajeros, conocidos.
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