sábado, 4 de mayo de 2013

Primer día

22 de julio

Más tarde...

El Sr. Autoridad no llegaba, pero unas horas después conocimos de casualidad al Sr. Coordinador  porque a las 8 de la noche Clarita nos invitó a entrar en la salita del curato en que se reúne el grupo de jóvenes con guitarras que ensaya los cantos de la misa y otras celebraciones religiosas. (Clarita es la persona mayor -de edad- del grupo de canto y guitarras, y el Sr. Coordinador - un muchacho de unos 20 años – es la guitarra principal del grupo).

El curato es un edificio construido al lado de la agencia municipal, hecho de adobe y material, con techo de teja, de unos 12 metros de largo por unos 4 o 5 de ancho.  Abajo es sitio de ensayos de las canciones para la misa y de reunión para los jóvenes, y es también bodega para los productos que a veces sacan de la cooperativa o para almacenar las cosas que a veces compran para la comunidad o para el curato. Aquí arriba es propiamente para recibir al cura las pocas veces en que viene al pueblo a oficiar o quedarse… y también para acoger a los visitantes, como Lorena y yo, si es que lo pide uno de buena manera.  Está formado por un amplio corredor que da de cara a las montañas altísimas y apretadas, un cuarto largo sin ventanas, y un pequeño baño con agua corriente, inodoro, lavabo y regadera de agua fría, todo techado con tejas, carrizo y lodo. El piso es de cemento sin pulir. 

Cuando el coordinador (todavía no sabíamos que él era, ni él tampoco que lo habíamos estado esperando) escuchó que estábamos esperando a la autoridad, nos preguntó para qué, le explicamos, y él muy amablemente nos dio las llaves del curato. Lorena y yo subimos con nuestras mochilas, y él con otros dos muchachos nos siguieron para limpiar el cuarto enorme (¡con baño! – de agua helada, claro, pero baño verdadero, interior… un lujo desconocido en estos pueblos hasta hace diez años). Luego bajamos otra vez, a cantar con ellos por una hora las viejas canciones de la iglesia que cantábamos hace veinte años con estos chicos, que entonces eran unos niñitos (algunos me recordaban) y hoy son los jóvenes del pueblo.

Por las estadísticas consultadas en el INEGI antes de venir, ya sabía que el pueblo está electrificado y que hay agua entubada, pero aún así no dejan de asombrarme tales comodidades a causa del recuerdo que conservo de este sitio, donde no había ningún servicio municipal cuando comenzamos a venir. Otra sorpresa es que haya un teléfono (localizado en la tienda del cacique del pueblo), cuyo servicio se ha combinado con el sempiterno sistema de comunicación del pueblo: los altavoces que cuando no están tocando música para alegrar el día, están anunciando a voz en cuello que doña fulana mató pollos y los está vendiendo, que llegó un paquete para don sutano, que hay una llamada telefónica desde México para perengano.  Hay cosas que no cambian (será porque funcionan).

Subimos a dormir a las 10 y algo, pero el ensayo no terminó sino hasta las 11 de la noche, “hora de acá” (la hora de verano que rige ya en la ciudad y en todo el país no acaba de aceptarse aquí, aunque saben que existe un cambio de horario: “¿y cómo le explico a mi gallo que tiene que cantar una hora antes?”).

La rondalla me invita a ir con ellos a Yagallo para la fiesta patronal el sábado, domingo y lunes, pero está muy lejos (varias horas de camino, me advierten… y yo temo no dar el ancho). Además, vine a estar en Zoogochí... o es mi pretexto perezoso. Lorena, si pudiera quedarse, sin duda iría porque a ésa le da más por el senderismo, deportes al aire libre, fotografía, ecología y etcétera que por andar metiéndose en casa de las gentes haciéndoles preguntas y escuchándolos. A veces tengo que cuidarla para que no actúe como “gringa” (aunque es buenísima onda y siempre hace reír a la gente, sobre todo tiene un pegue enorme con los niños, pero como no tuvo abuelos indígenas, como los tuve yo, siento que no tiene las “maneras” que en una mujer de nuestra edad – en estas comunidades zapotecas – se esperan). Bueno, la verdad ni debería preocuparme porque la gente aquí es muy comprensiva y entiende mejor a los fuereños de lo que los fuereños los comprenden a ellos… 

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