Luisa vino a buscarme esta mañana para que fuera a desayunar con ella y de paso me preguntó si no tenía ropa sucia para que aprovechara y la lavara en su casa, después del desayuno (en su pregunta y en su sugerencia puedo sentir un ramalazo maternal que me enternece). Antes de bajar a su casa me detuve en la tienda para comprar una barra de jabón, un poco de pan para compartir, y un paquete de galletas para dar a sus nietecitas.
Mientras yo lavaba mi ropa y ella echaba tortillas, lavaba platos, cocinaba, etc., Luisa y yo platicamos más sobre el tequio y los cambios que se han efectuado en la comunidad y que afectan a las mujeres. Luisa estaba más que dispuesta, deseosa y entusiasmada por contarme todo lo que sabía, se le ocurría y quería decirme sobre el tema. Tendí mi ropa, le pedí permiso para sacar mi cuadernito y un bolígrafo, y ella nada más movió la cabeza diciendo que sí porque lo que le urgía era hablar antes de que nos interrumpiera alguien…
Hace años (no pudo determinar exactamente cuántos) *, las mujeres también ocupaban cargos dentro de la comunidad (no me explicó tampoco en detalle qué cargos). Los topiles (personas que ejercen la función de policía local) acostumbraban pasar casa por casa repartiendo boletas a cada ciudadano (hombre o mujer, mayor de 18 años) donde éstos y éstas anotaban los nombres de las personas que querían que fueran designados(as) para cada cargo. Más tarde, en la agencia municipal, las boletas eran revisadas y contadas. Era de esa manera como se decidía qué persona ejercería qué cargo sin importar si era hombre o mujer. Y a esas personas se las adscribía como candidatos del partido oficial (PRI). De acuerdo con Luisa, esta práctica terminó cuando gente del gobierno estatal les avisó que no debía hacerse así, que ese tipo de votación no era válido (que el topil pasara por las casas recogiendo boletas), y se decidió que las votaciones deberían llevarse a cabo en una asamblea pública y por voto abierto, de viva voz... El resultado, desde ese día hasta hoy, es que siempre ganan los hombres porque ninguna mujer asiste a esas asambleas (la agencia municipal se considera un espacio masculino, y sería muy intimidante para las mujeres entrar en él).
Con el tiempo la práctica de votar en asamblea pública, sin contar con el voto femenino porque las mujeres no asisten a la reunión, cerró totalmente la posibilidad de elegir mujeres, se volvió costumbre y ahora a nadie se le ocurre que una mujer deba tomar un cargo.
Le pregunté a Luisa si sería posible que uno de estos días las mujeres se presentaran el día en que hubiera alguna asamblea comunitaria y, dieran su punto de vista, votaran. No respondió. Insistí en preguntarle en su opinión qué pasaría… Después de un largo rato de mirar los montes desde su corredor, y con las manos rojas y callosas sumergidas en agua jabonosa porque se puso a ayudarme a lavar mi ropa contra todos mis ruegos para que no lo hiciera- me respondió que a la mayoría de ellas les daría o miedo o pena o las dos cosas al mismo tiempo. Dijo que el peso de la autoridad masculina vale muchísimo más que cualquier cosa que todas las mujeres del pueblo juntas adujeran… Cuando le pregunté por qué, me dijo en voz baja: “pues porque somos nada más mujeres y no servimos para nada”. (Casi lloro).
(Nota: En los valles centrales del estado, y en partes de la Mixteca, el sistema de cargos está aceptando cambios y participación femenina debido al fenómeno migratorio que se ha llevado a los hombres a trabajar al norte. Sobre esto, encontré este trabajo: http://www.colpos.mx/asyd/volumen3/numero1/asd-07-002.pdf
* Es muy curioso para mí notar cómo la exactitud en el tiempo es un concepto que parecen no entender: incluso para decir la edad cuando se la preguntas, iniciando con un "creo que..."
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