sábado, 4 de mayo de 2013

Responsabilidades y alegrías


Interesante la plática con  Filomeno, el hijo de Luisa.  Me explicó a grandes rasgos y con mucha  claridad y ejemplos el sistema organizativo que rige en la comunidad.  

Como ya había escrito, todos los hombres mayores de 18 años deben participar en la vida pública del pueblo trabajando en el tequio, cumpliendo con las debidas aportaciones, y finalmente ejerciendo cargos en el gobierno comunitario.  Dependiendo de la responsabilidad con que cumpla su tequio y la calidad de su servicio en éste, los hombres se ganan el respeto de la comunidad. Mientras más respetables sean, y mayor experiencia tengan en lidiar con asuntos que requieran su presencia en la capital, de mayor importancia será el cargo (en el gobierno comunitario, local) que reciban (aquí las elecciones son un performance que se ha acomodado a lo que ya la comunidad ha decidido: ponen como candidato del partido oficial al señor de la comunidad que por decisión del pueblo es quien debe ser el Sr. Autoridad). 

Filomeno después pasó a hablarme acerca de un gran cambio ocurrido hace dos o tres años (unos dicen que dos y otros que tres), cuando en una asamblea comunal decidieron que las mujeres “sin obligaciones” (es decir sin marido) también debían dar tequio por un  año y dar aportaciones (grava, arena, piedras traídas del río; comida si tienen visitantes oficiales; dinero a veces, etc.) Al final de su exposición, Filomeno - visiblemente molesto, aseveró que no cree que esta medida  sea del todo justa, que “hay que pensarle todavía” puesto que a su manera de ver, las mujeres que tienen hijos, aunque no tengan marido, deberían quedar exentas, así como aquellas viudas cuyos maridos cumplieron cabalmente con sus obligaciones comunitarias, y que muchas veces son también madres de quienes están en pleno servicio...  (debe tener en mente a su propia madre, que fue esposa de un hombre que aunque tomaba mucho, siempre sirvió como debía, y cuyos hijos hasta hoy son reconocidos como gente responsable de sus cargos y deberes). Yo le llamé la atención sobre un punto: no es una práctica justa no solamente por lo que él ha mencionado, sino sobre todo - a mi parecer - porque el deber de dar tequio y aportaciones conlleva el derecho de entonces ejercer un cargo... Al escucharme decir esto, la cara de Luisa se iluminó, murmurando "¡Eso, eso!" -- Filomeno, nos miró con asombro y reprobación, y respondió "eso no es así". Y punto.

Algunos números e información que Filomeno me dio sobre los ciudadanos (varones) que cubren los cargos anualmente (hay votaciones para elegirlos a finales de noviembre o el primero de diciembre):

En la Agencia (como Presidente, Tesorero, Secretario, Regidores, Síndico, Vocales, etc.) = ± 15 hombres
En el Comisariato del café (el pueblo comunitariamente produce y vende su café) = ± 15
En las distintas Comisiones (CONASUPO, mantenimiento del templo, salud, agua, educación, caminos, terrenos de la escuela, electrificación, permisos de construcción, etc.) = ± 5 en cada comisión.

Me explicó nuevamente que por todos los años de su vida, entre que se vuelven “muchachos” y se vuelven “abuelitos”, tienen algún cargo, lo que implica horas de reuniones por semana.  Dice que todo es en beneficio del pueblo, pero que lo que es cierto es que aquellos que han cumplido siempre tal cual se espera de ellos, pueden estar seguros de que cuando algo necesiten de la autoridad (permisos para construir y comprar, para irse a trabajar fuera por un tiempo y que la comunidad vele por su familia de algún modo; solicitudes para electrificación o agua, alguna demanda jurídica, etc.), ésta les prestará atención de inmediato.  Que eso es precisamente “hacer comunidad”...

El tequio se presta cuando hay alguna necesidad específica (construcción de algún camino,  reparación de la escuela o el templo, etc.), aunque hay unos que existen permanentemente (la carretera entre Zoogochí y Yagavila, y un tramo de la que sirve a todos estos pueblos, entre Yagila y el entronque con la carretera federal).  Quien falte un día al tequio debe pagar 30 pesos por ese día. 

Imagen tomada del periódico La Vanguardia (México)
El tequio de las mujeres se refiere casi exclusivamente a las actividades relacionadas con el café: siembra, limpia, corte, secado, etc., y por tanto es temporal. Si ellas faltan a un día se les cobra la mitad, pero si por alguna razón no pueden verdaderamente cumplir con éste, no pagan arriba de 50 pesos en total (por el año).

La otra actividad de tequio para las mujeres es hacerse cargo de las necesidades de los trabajadores, ingenieros, maestros, enfermeras, cualquier visitante que venga a hacer alguna labor a Zoogochí. En esos casos ellas se rotan la lavada de la ropa, limpieza de donde vivan, hacerles la comida... Cuando escuché esto, me quedé fría, y con una pena infinita le pregunté si por eso estaba yo recibiendo tantas invitaciones a comer, y eso terminó la tensa plática anterior: Luisa y Filomeno soltaron la carcajada diciendo que me había puesto muy roja, y me dijeron que no, que eso es por pura "gratitud", que yo no vengo enviada por el gobierno ni soy parte de un tequio. Les pregunté por qué gratitud, si no he hecho nada por nadie, y Luisa me respondió: "ustedes de muchacho hacían el favor de visitarnos, nos enseñaron muchas cosas, nos trajeron alegría", y Filomeno añadió: "nuestro grupo de música empezó porque queríamos seguir cantando las canciones que ustedes nos enseñaron cuando éramos chamaquitos..."  ¡Gulp! Sentí entonces no la cara roja, sino un nudísimo en la garganta, los ojos llenos de lágrimas y no sabía ni qué decir. No mencionaron los nutrimpis o la leche en polvo que el DIF enviaba, las vacunas contra el sarampión, las pruebas de esputo para detectar tuberculosis, las pastillas para la oncocercosis que la SSA les hacía llegar por nosotros, ni la ropa usada que llevábamos o las despensas que reuníamos visitando gente y negocios  en Oaxaca, no el andar queriendo enseñarles a construir letrinas o huertos familiares, sino los cantos, los juegos con los niños, la música, las guitarras en la noche alrededor de una fogata... nuestra alegría. Qué poco puede significar mucho, Dios mío, qué poco... y a veces ni eso damos.

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