Las ñoras
Después de dejar la casa de Daniel y Agustina, Lorena y yo subimos al centro de la población. Tal vez tenga que explicar en este punto que cuando dijo “subir” y “bajar” es porque ningún otro verbo quedaría bien: el pueblo entero está desparramado sobre la ladera de una montaña entre una cadena de montañas, y su centro se encuentra en una mínima meseta en la parte más alta y semi-plana, que es donde llega el camino de terracería que viene de Yagila y Yagavila, y que continúa hacia Yaneri. Al hablar del “centro” me refiero al cuadrado donde está la cancha de basquetbol donde cada tarde hay muchachos jugando, la iglesia bastante abandonada a un lado, y la agencia municipal con el Curato dando de cara a las montañas.
Al centro llegamos resoplando, y ahí nos encontró Clara, quien nos comentó que el grupo de mujeres que se han organizado para traer proyectos económicos de autosuficiencia a Zoogochí se estaba reuniendo para discutir "un asunto". Fui al curato por un cuaderno de notas (en la noche, o temprano en la mañana, es cuando transcribo mis apuntes al laptop), la cámara (Lorena no se desprende de la suya, pero yo fui por la mía también), y por unas fotos (que tomó Raúl, yo, o algún otro del grupo misionero con el que veníamos Lorena y yo hace veinte años y que no olvidé meter entre mi mochila antes de venir) antes de volver corriendo donde Clara y el grupo, que se iba juntando poco a poco...
Al ir pasando las fotos entre las asistentes, y cuando las veían, las viejitas, señoras y muchachas rieron mucho, recordando y comentando acerca de sus abuelas, mamás, ellas, sus hijas, y cómo eran entonces. Me impresionó entregar algunas de esas fotos a las retratadas porque entonces, cuando las fotos fueron tomadas, eran unas jovencitas, o unas muchachas recién casadas… y ahora, al recibirlas, son unas señoras maduras… en algunas casos, unas mujeres viejas… Su vida, evidentemente, es muy dura, y la alimentación no es buena.
Las señoras comenzaron a llegar como a las 4:30, pero estuvieron todas (tal vez unas treinta) reunidas hasta más o menos las 5. Yo estaba dale y dale con la pregunta “¿pero a qué hora están citadas? ¿a qué hora es cuando comienzan sus reuniones?”, hasta que Clara me respondió que las reuniones comienzan a la hora en que están todas, no cuando determinada hora y minutos suenen…
Varias mujeres de Zoogochí, lideradas por Clarita, se han conectado con una ONG de la ciudad de Oaxaca que, según me dicen, pone el 50% del financiamiento para los proyectos que decidan poner en marcha, y el otro 50% lo ponen ellas, las mujeres de Santa María Zoogochí. Clara es la presidenta y nos cuenta que han trabajado con otros programas, pero que en esta ocasión han traído pollos. Los pollos, nos aclara, fueron repartidos a cada una de las cooperativistas para que ellas los criaran por sus propios medios, pero que – cuando éstos sean vendidos –, las ganancias (de haberlas) se reinvertirán en ese mismo o en otro proyecto (por ejemplo, tienen en mente uno de siembra de maíz y frijoles).
La reunión fue al aire libre, en la cancha de básquet, pero yo la observé desde lejos porque no habría podido comprender nada puesto que hablan en zapoteco. Llegaron mujeres de todas las edades: desde ancianas y señoras maduras, hasta jovencitas cargadas con sus bebés en las espaldas y algunas niñas. No me pareció muy participativa, sino más bien centrada en torno a la palabra de Clara y a algunas intervenciones tímidas de otras tres o cuatro mujeres jóvenes. Finalizó alrededor de las 6:30, hora en la cual deben volver a sus casas para recalentar los frijoles, el café y las tortillas para los hombres que vuelven del campo cuando comienza a oscurecer.


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