sábado, 4 de mayo de 2013

Más sobre Clarita


En el desayuno en casa de Clara estuvo Marisol, esposa de Ricardo (un primo de Clara), tal vez ejerciendo funciones de anfitriona ya que Clara parecía ocupada en algo arriba, en la casa propiamente dicha. No nos aclararon qué le impedía venir a nuestro encuentro cuando ella misma nos había invitado con insistencia a desayunar, pero luego supimos que era que tenía una paciente.

Lorena, Marisol y yo estuvimos esperándola en la cocina un buen rato. Su cocina, como casi todas las del pueblo, es un cuartito de carrizo con piso de tierra en el que está el fogón para echar tortillas, y es el sitio donde la familia se reúne para comer. Aunque (dentro de la casa, nunca en la chocita del fogón) algunos de la comunidad sean ya propietarios de flamante estufa de gas, sólo la usan para el preparar alimentos de cocción rápida - los que toman menos tiempo sobre el fuego, que requiere gas, difícil de conseguir y mucho más caro que la leña, claro está- La estufa se ha convertido en un indicador de estatus socio-económico en esta (y seguramente otras) comunidad serrana.

Creo que Clara ya no cocina. Anoche y esta mañana quien estuvo echando las tortillas, sirviendo el café y pasando los frijoles fue Marina, una chiquilla muy delgada, muy pequeña de estatura para su edad, silenciosa y seria. Es la hija menor de Clara (pero no la menor de los hermanos, pues después de ella hay otros dos niños, varones). Cuando le pregunté a Clara, señalando a Marina, si era su hija, ésta me respondió algo muy extraño: “Yo siempre digo que es la chamaca… así la llamo yo.”)

Mientras Clara estaba arriba, Marisol nos comentó lo que opina: que Clara es muy dura con Marina, a quien nunca ha dejado que juegue con las niñas de su edad, a quien a su decir siempre está trabajando, y a quien, en las pocas ocasiones en que Marina hizo algo “impropio”, Clara golpeó fuertemente...

En estos años pasados, a partir de 1990 nos cuenta Clara, estuvo siendo entrenada con un grupo de curanderos de Capulálpam de Méndez para ser yerbera, partera, huesera y curandera en general.  Se muestra muy satisfecha y orgullosa de sus conocimientos, del status y respeto que esta actividad le da en la comunidad, y de tener algo que estudiar constantemente. (Su situación económica parece haber mejorado admirablemente, cosa que me alegra muchísimo, y se lo digo. Ella responde con sonrisa enigmática, pero nada más).   

 Al terminar el desayuno, Lorena pasó a la casa para que Clara le hiciera una limpia.  Clara la llevó a la casa (la propiamente casa, arriba), y le dijo que se quitara la ropa. Me dio risa porque Lorena puso cara de pena y horror "¿toda?". Bueno, yo me quedé afuera platicando con dos hijas de Marisol mientras ellas procedieron con el ritual,. Al final, Lorena le dio 30 pesos (más o menos $3.00 USD) a Clara por el servicio o consulta, insegura de cuánto debería pagar porque Clara no quiso poner el precio. (Más tarde preguntamos a Marisol, y ella nos dijo que estuvo bien porque eso es lo que más o menos Clara cobra por una limpia).

Al terminar el desayuno, Marisol nos invitó a pasar a su casa, un poco más arriba sobre la loma donde vive Clara.

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